Extractos de Por qué la psicología se convierte en un dogma para algunxs? Por Carlos Rivas
En estos tiempos de incertidumbre, existen dos polos igualmente problemáticos. El primero es el de la gente que, a falta de referentes morales objetivos, se lanza al vacío con la consigna del “todo vale lo mismo”. Este es el grupo de los postmodernos radicales, los que intentan aplicar los mismos criterios epistemológicos (“no se puede llegar al conocimiento absoluto de las cosas”) al ámbito de la ética (“como no hay valores absolutos, podemos apostar por la falta de valores”). Este planteamiento es problemático porque, en la práctica, coloca todas las acciones humanas al mismo nivel: bailar, matar y rezar serían moralmente equivalentes (total, no hay valores absolutos, ¿no?).
(…)Que no existan valores absolutos no quiere decir que no necesitemos puntos de referencia para saber qué vale cuánto. Ciertamente, los criterios del pasadoson obsoletos, porque sabemos que el conocimiento científico es relativo a la manera particular de obrar de la ciencia, tanto como el conocimiento religioso es relativo a cómo la religión construye el conocimiento.
Así pues, este grupete escuchó el “es relativo” y salió a hacer desmadres, sin entender que lo relativo quiere decir que todo conocimiento es relativo al modo cómo se obtiene y que por eso, tienes límites y rangos de acción(…)
No hay conocimiento universal, la verdad absoluta es simplemente imposible para los humanos, por estar dentro de las coordenadas de un tiempo, un espacio y sus propias limitaciones perceptivas. Por eso es bueno tener muchas herramientas, y usarlas de acuerdo a su función.
El segundo polo, la otra respuesta a las ansiedades contemporáneas es el de los temerosos de la libertad, es decir, el de los fundamentalistas. A ellos la idea de que no haya verdades absolutas les mueve el piso como a nadie. Se angustian, las tripas se les mueven y, por eso, salen corriendo a refugiarse en cualquier seguridad prefabricada que tengan a mano. La estrategia es:
- Encontrar un texto y considerarlo sagrado.
- Aferrarse a él y empezar a decir que quien no crea en eso está mal.
Noten que cualquier texto es bueno, no tiene que se sólo la biblia. Los musulmanes radicales, asustados frente a la interpretación de los textos, hacen lo mismo que los opusos y los extremistas cristianos, sólo que con el Corán. También sucede en el ámbito de la ciencia. De hecho, es muy típico en la psicología académica. Así, un conductista se casa con una teoría específica y, a partir de allí, cree que los psicoanalistas están errados, creando mitos (¡como si ellos estuviesen haciendo algo distinto!); lo mismo ocurre al reveé, psicoanalistas que se burlan de los empiristas porque “no ven más allá”. Incluso en la física, por nombrar una “ciencia dura”, hay radicales epistemológicos. Los seguidores del “materialismo reduccionista”, entre los más destacados, tienen unas ideas tan absurdas como las de cualquier grupo religioso extremista.
En definitiva, y valgan acá las consideraciones sobre los límites y los alcances del conocimiento que hice anteriormente, este segundo polo apela al autoritarismo epistemológico, en un intento por superar la falta de referentes objetivos. Ellos contienen la angustia creyendo que tienen una relación especial con un ente “objetivo” (v.g. Dios, la Naturaleza, el Inconsciente, la Mente o la Conducta). Por eso terminan diciendo “yo se cual es la verdad” y, a partir de allí, empiezan a predicar.
La prédica no es inocente, por cierto. Tienen una agenda muy clara, a saber, convertir a los demás a su credo y quitarle poder a los “rivales teóricos”. Por eso cuando los otros cuestionan sus certidumbres ficticias, la rabia los lleva a las estrategias de dominación. (…) de allí, todos los mecanismos informales para promover el dominio de unos sobre otros en departamentos y escuelas. ¿Pruebas? Los psicodinámicos han conquistado las cátedras de clínica, los humanistas las de asesoramiento, los conductistas las de metodología, y así.
Lo que me queda por decir es que, a estas alturas del siglo XXI, la mejor solución parece ser el pragmatismo. Bien vista, es absurda esta lucha silenciosa que ocurre por razones epistemológicas. Por un lado, sabemos que no hay vuelta atrás, que, culturalmente, somos demasiado cínicos para creer en verdades universales y absolutas (con la excepción de los fundamentalistas del párrafo anterior). Los modelos teóricos son solo descripciones de la realidad, relativos, porque dependen del método y, por muy bueno que sea el método, no hay método infalible o que pueda captar la realidad una supuesta esencia.(…) Al final es una decisión, una apuesta personal, porque como humanos necesitamos apostar a ciertos parámetros para poder existir (lo que no significa que todos deban apostar por lo mismo).
(…)
En síntesis, las explicaciones no son verdaderas o falsas a la hora de explicar, son útiles o inútiles. Y la utilidad no viene dada por los supuestos de la teoría, sino por un componente extrateórico acerca del para qué de los usuarios de esa teoría.
Artículo original http://upla.org.ve/rpa/chamanurbano/2011/01/21/la-psicologia-como-dogma/